Qué triste es la lluvia. Y qué bonita. Representa la tristeza en un mal día y la soledad que alguien puede sentir, pero también explica las noches en vela y los suspiros que no van a parar a ningún lado. A veces, incluso, es capaz de reflejar tu propio estado de ánimo. No el estar deprimido, o estar infeliz. Me refiero a algo mucho más interno, algo que es especial en cada uno de nosotros. Me refiero a esas ganas incondicionales que tenemos de un abrazo de una persona en concreto, y las pocas maneras de poder conseguirlo. Me refiero a la impotencia que sientes cuando las lágrimas se derraman por tus mejillas. Cuando el nudo en la garganta se vuelve permanente. Cuando el gritar sin ser escuchado se ha convertido en algo rutinario.
La lluvia puede reflejar muchos aspectos de la vida, y no somos capaces en la mayoría de las veces a pararnos a pensar que, a parte de estropearnos una bonita tarde por la ciudad con los amigos, es lo suficientemente poderosa como para hacernos sentir nostálgicos incluso por recuerdos y personas que no son importantes. La lluvia es experta en hacerte sentir cosas que estaban enterradas en lo más fondo de tu interior, y es capaz de crear en ti una tristeza sin un por qué definido.
La lluvia es más que un estado de la atmósfera, es más que el mal tiempo. Es más que cuatro gotas que caen de las nubes que están en el cielo. Es mucho más que eso, pero, ¿quién es aquí el entendido para explicarnos qué es lo que hace especial a la lluvia? Porque por más triste que sea, por más malvada o cruel que termine siendo, ella es quien, después de todo, hace ese final feliz que a todo el mundo le gusta: el arcoiris.
Y con esto quiero explicar, que da igual lo que pueda pasar, da igual el camino mientras este tenga el final que todos deseamos. Que a veces existen cosas, como la lluvia, que nos llegan a estropear un buen día o nos crea un quebradero de cabeza porque te hace pensar en cosas demasiado difíciles como para arreglar en una tarde; pero que en el momento oportuno termina y aparece el preciado arcoiris que todos queremos, y esto no es más que la solución a algún duro problema, el final de una tragedia, o incluso el último minuto de una hora extremadamente aburrida. Todo se arregla. Y por ello mi ejemplo para explicarlo es la lluvia, porque esta puede ser irritante y molesta, y es capaz de hacerte entrar en un bajón de ánimo, pero acaba terminando. Como todo. Porque nada es eterno. Y en ello entra tanto lo bueno, como lo malo.
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