Peter Pan.

martes, 24 de febrero de 2015

Un febrero más a la basura, ¿o esta vez no?

Dicen que los 15 son la niña bonita, que los 13 llevan a la mala suerte y que los 14 están para dejarte el pelo crecer. ¿Y los 16, qué?
Llevo derrochados 16 febreros y sigo sin saber vivirlos. Que dejar que pasen los días y pasar las hojas del calendario tachando cada semana no es vivir. Ni tampoco lo es hacer lo que quieras en cada momento y echar tu vida a perder.
Pero el tiempo pasa, la vida pasa con él y a mí siguen sin explicarme qué cojones se puede hacer para disfrutar de la vida.
A veces creo que no se puede disfrutar. Que nacemos y vivimos para morir, y que en los seis planetas en los que llegamos a vivir siempre estamos esperando el qué vendrá después. Pero, querido lector, dime tú cómo espero algo que no conozco.
También pienso en que existen muchas cosas por las que vale la pena correr el riesgo de pasar al siguiente mundo y ahí es cuando me doy cuenta de que todavía no he aprendido a vivir. Pero, tío, es que nadie sabe vivir. ¿O me diréis que vivir es estar esperando siempre algo? Eso es agotador y desesperante. Y la vida lo es, por supuesto que lo es, pero sin una meta que alcanzar.
La vida es eso que hace que los pies te duelan, la barriga se desagarre de dolor por reír y los ojos no tengan corrido el rímel.
La vida es eso que te hace querer saltar al vacío pero no lo haces. Es lo que te impulsa a correr hasta el océano y ahogarte en él, pero tampoco lo haces.
La vida es vivir. ¿Y cómo se explica eso?
La vida es...aire.
Es agua.
Tierra, y fuego.
Es amor, odio, risa y miedo.
La vida es una putada, es la gran putada. Y la odiamos- ¿cómo no odiar algo que nos odia?-, pero al final del día la amamos más que a nada. Porque sin ella no somos nada.
Porque puedes vivir sin amor, sin sexo, sin tabaco, sin alcohol, sin bailar, sin cantar, sin leer, sin música, sin escribir... Pero no puedes vivir sin la vida. Porque ella eres tú, y tú eres ella.
 Y yo, ahora, a mis 16 febreros derrochados, no sé si mi vida necesita seguir pasando las hojas del calendario o si necesita un buen abrazo, un buen cigarro o una buena borrachera. Pero sé que necesita la vida más que nada en el mundo. Porque esos 16 febreros soy yo, en mi más sentido y dolido ser. Y yo necesito vivir. Y quiero vivir. Y besar, y querer, y reír, y llorar. Y quiero levantarme un domingo a la una de la tarde con una resaca del quince y acordarme de los días cuando no existían dolores de cabeza y reírme por el horrible aspecto que me refleja el espejo. Y quiero llorar por las noches y sentir el dolor que alguien causa en mí. Y también quiero sentir, ser sentida y que me sientan.
Porque la vida es sentir, es vivir, es amar, es pensar...
Y mi vida quiere arder con cada risa, con cada mirada, con cada abrazo. Con todo. Porque, amigo, eso es sí vivir.