Peter Pan.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Hogar en siete mares.

- Me culparon muchas veces de cabezota, de terco, de demasiado héroe con poca capa, pero me siento bien sabiendo que lo he dado todo por este navío, que hay muchas historias que cuentan las cuencas de los ojos vacías y las patas de palo, pero no creo que hay peor cosa para marinero que se le rompa el corazón, y espero que a vosotros, conmigo al lado, no os haya pasado. Siento haber sido como lo he sido tantas veces: testarudo, imprudente, salvaje o impertinente, porque a lo mejor eso nos ha llevado hasta aquí - suspira, sin quitar la mirada del horizonte -, pero no me arrepiento de haberos traído hasta aquí, de haber conseguido moldear una pequeña familia que ha cruzado los siete mares y no ha sino tenido más enemigos que compañeros, pero ha encontrado a los mejores de abordo que alguien podría imaginar.

Su mirada no estaba ausente, pensó ella, pero sí un poco distante, y se empezó a preguntar si de verdad no habría ninguna otra opción, si era una pesadilla el tener que decir adiós a lo que durante tantos años pudo llamar casa. No lo era. La realidad siempre es peor a cualquier mal sueño.


-Pero - comenzó su compañero, tan testarudo y con peor carácter que ninguno allí presente -, capitán, no...

- Sí, amigo, no podemos hacer más - respondió su capitán, esbozando una sonrisa triste y por fin poniendo los ojos en su tropa. 
Estaba realmente orgulloso de ellos, de cómo habían llegado a formar tan buen equipo, a cómo habían pasado los peores momentos y habían podido seguir estando más y más juntos. Pero, por desgracia, tuvieron que aprender que no siempre la unión hace la fuerza. Le dolía que hubieran llegado hasta allí, que hubieran tirado tanto de la cuerda que al final les hubiera salido el tiro por la culata, pero era peor no haberlo intentado. 

El chico intentaba seguir hacer entrar en razón a su capitán, y poco a poco la tropa se fue uniendo, pero ella se quedó muda mirando a su primero de abordo, viendo cómo sonreía y cómo se mantenía sereno, e incluso feliz. Ella no entendía cómo podía parecer feliz en una situación así, ¿haber perdido la guerra, tras tantas batallas ganadas, y el muy canalla sonreía? ¿Acaso les había tomado el pelo? 


Poco a poco todos se fueron yendo, recogiendo sus cosas, intentando decir adiós a su casa, pero ella no se movió, apenas podía contener la furia que había empezado a generar hacía unos segundos. El capitán, que la llevaba observando un rato, se acercó ella, apoyándose en la madera roñosa de aquel barco, cuánto iban a echar de menos vivir así...


-Me miras raro - espetó él, sin necesidad de que ella respondiera, pues siempre sabía lo que estaba pensando - no desesperes, esto seguirá adelante, pero...

-No quiero tratar con peros, ni que me digas que esto seguirá adelante si luego nos obligas a decir adiós - ella le miró a los ojos, completamente seria, pero su mirada estaba empezando a romperse -. ¿Ya está? ¿Es que acaso no hemos luchado lo suficiente, tanto como héroes perdidos como familia de piratas? ¿Es que no sirve para nada, tantas lecciones, tantas alegrías, tantos llantos y malas contestaciones? 
-Lo sé...
-Me prometiste - dijo ella, aguantándose las lágrimas - que jamás me volverían a romper, que nunca más volvería a estar sola, y ahora... y ahora... ¿¡y ahora esto!?

Él sonrió tristemente mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas. Qué decirle que ahora mismo no le sentara como una cuchilla por la espalda, cómo decirle que este hasta luego no conllevaba un adiós sin que ella se sintiera traicionada. 


-Sí... tienes razón. Las cosas no han salido como habíamos planeado, pero no te preocupes. Has llegado a ser lo que un día me prometiste que podrías dar de ti misma, has ahogado tus miedos e inseguridades y has encontrado lo que muchos aún buscan: a ti misma. Tienes que estar orgullosa de lo que has logrado en todo este tiempo, yo estoy orgulloso de ti. Y, sí - dijo, mientras se reía - es posible que no haya sido el final deseado, pero nunca podemos estar tan atentos como para saber cómo van a ir las cosas, pero sabes cómo han ido, y sabes los errores que no has de volver a cometer: todo enseña, no lo olvides nunca. 


Le dio un beso en la cabeza y se fue alejando, y ella se quedó mirando cómo su figura se iba haciendo más y más pequeña, hasta fundirse con todos los demás. Tenía razón, había conseguido grandes logros en esos tiempos, pero no había sido por ella misma, ni por haber sabido escoger el camino, sino todo lo contrario. Ella, qué va, ella que no sabía trazar el rumbo sin pedir ayuda a su hermano, que no diferenciaba un nudo de otro, y que simplemente tenía suerte; no, ella no había hecho nada. Todo había sido gracias a él. Que nunca la había abandonado, que siempre había estado ahí, con tormenta, nieve o huracán, que podía ahuyentar sus miedos antes de ella incluso imaginarlos, y que había sido su brújula durante tiempo. Sí. Todo lo que ella había conseguido lograr y lo que era ella, había sido gracias a él, y eso nunca lo podría cambiar nadie, por todo el tiempo que pudiera pasar. 

Sonrió mirando el horizonte, se dio media vuelta y abandonó el barco. 
Pero su corazón jamás saldría de ese pequeño hogar. 

gracias por ser siempre brújula


sábado, 17 de marzo de 2018

Siglo (X)XI.

Hace tanto tiempo que no me paro en frente de una pantalla de ordenador para hacer esto que me siento nerviosa. Siento que el corazón se va fundiendo con la sangre y me pregunto qué intento volviendo a esto. A las raíces del problema.
No siento que haya nada por lo que escribir pero hay tanto por lo que gritar...
Qué mundo es este en el que vivimos cuando un mensaje de WhatsApp se ha convertido en algo más importante que un abrazo, en el que ya no importan las sonrisas sino los me gustas de personas que están tras una pantalla, personas que ni siquiera nos importan.

¿Hemos avanzado?

Sigo siendo infravalorada por haber nacido con unos genitales distintos a un hombre, sigo teniendo miedo por las noches cuando me dirijo a casa y a veces siento pánico por salir de casa con la falda demasiado corta, o el escote demasiado grande. Como si fuera culpa mía. Como si quien me juzgase lo hiciese con algún derecho.

No creo que estemos avanzando.

Llegaré a trabajar en un puesto donde mi compañero cobre más, me harán seguir pautas estúpidas y me preguntarán cada 'x' tiempo sobre cómo va mi vida sentimental por si desencadena en algún embarazo. Si quiero tener hijos me presionarán por tenerlos cuanto antes y si decido no tenerlos me juzgarán por no querer ser madre. Como si toda mujer solo se hiciese verdaderamente mujer cuando llega a parir.

No creo que estemos avanzando.

Me despedirán sin causa justa si decido tener un hijo en plena crisis económica, me juzgarán si decido abortar, sea por violación, por no querer traer a un bebé a este mundo tan cruel o simplemente porque no quiero tenerlo. Me juzgarán si prefiero adoptar a tenerlo con mi cuerpo, como si la sangre fuera lo único que pudiera trazar verdaderos lazos de unión.

No creo que estemos avanzando.

Me criticarán cuando opine y cuando me quede callada. Me criticarán si voy en tacones a la universidad o al trabajo en planos. Me verán maquillada y me preguntarán si es porque he quedado con mi pareja y si les contesto con un 'no' especularán con que soy infiel. Me juzgarán por hacer algo neutro y le sacarán maldad.

No creo que estemos avanzando.

Me miraré en el espejo y me veré muy gorda, muy delgada, muy baja, muy alta, con pocas caderas, con demasiadas. Con unos pechos pequeños, con unos demasiado voluminosos. Me sacaré defectos hasta de las pestañas.

Me odiaré por ellos.
Y espero encontrar la manera de quererme por mí misma.
Porque no estamos avanzando.
Porque a esta mierda no se le puede llamar avanzar.