También he aprendido que en esta sociedad todos juzgan y todos son juzgados, y que ya no importa que alguien tenga un corazón puro y una personalidad de hierro, que como tu sonrisa no sea bonita, tus ojos no sean de x color y tu cuerpo no lleve la talla s no vales para nada. Y me parece injusto, porque conozco a miles de personas con un corazón tan enorme como su talla de camiseta, y no porque ella no sea una s su corazón va a ser peor.
Y también me han enseñado que quien quiere hacer daño es capaz de hacerlo de verdad.
Pero yo por mi cuenta he descubierto que también quien no quiere hacerlo termina rompiendo algún que otro corazón. Y que quien te necesita también terminará necesitando causarte dolor. Creo que viene en nuestro ADN.
Quien te quiere te hará daño una vez, quien no te quiere te lo hará infinitas veces.
Supongo que eso es lo único que puede diferenciar el miedo a que te hieran y el miedo a que te hagan daño. Porque, querido lector, una herida deja cicatriz, y esas mismas son las que alguien que te quiere o ha querido te deja. Porque esas heridas no se crean con simples puñetazos que, como alguien que no te quiere, deja. No. Esas heridas son de bala y de puñal. Y esas son permanentes.
Por eso tengo miedo al dolor; porque todo el mundo te puede hacer daño, pero solo unos pocos te pueden dejar cicatriz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario