Peter Pan.

martes, 22 de noviembre de 2016

Machismo y racismo terminan (en) 'ya'.

Hace mucho tiempo que no entro aquí. Quizá haya pasado más de medio año desde que no publico. Tal vez me dé igual y no vaya  a mirar cuando fue mi última publicación.
Ha pasado mucho tiempo. Pero yo, sigo siendo yo. Y el mundo, por desgracia, sigue siendo la misma mierda. No, no soy negativa, ni pesimista, soy realista. No llamaré mundo ideal a la Tierra hasta que la sociedad sea capaz de vivir en una anarquía, donde nadie tenga que prohibir a su semejante el acto de matar, violar o golpear.
Estamos en pleno siglo XXI y sigo con miedo a pisar la calle por las noches yo sola, caminando por las aceras yo sola.

                             Yo.

                                                  Sola.

                                                                         Mujer.

Sigo con miedo a ese hombre que va conmigo en el bus, y pienso: '¿por qué no para de mirarme? ¿acaso quiere algo de mí? ¿y si...?' Y tú contestas paranoica, porque posiblemente ese hombre haya mirado hacia a mí en contadas ocasiones y con ningún deseo más allá del deseo de saber por cotilla que nos viene implantado como humanos. Pero no, no soy una paranoica. O sí, quizá lo sea. O quizá me hayan hecho ser así.

También me molesta que en pleno siglo XXI, en un nuevo milenio, veamos a los demás como seres extraños simplemente por vivir fuera de nuestra zona de confort, nuestro querido primer mundo, y rechacemos sin más a personas igual de válidas que nosotros solamente por sus creencias, su país de origen, o peor, su color de piel.

Yo paso miedo en las calles por la noche. Ellos pasan miedo en la calle. De día o de noche.

Sigo creyendo una injusticia que por el hecho de haber nacido con dos tetas y una vagina esté condicionada en mi vida al 100%. Sí, soy mujer. No puedo mear de pie, tengo que hacer increíbles equilibrios en el baño cada sábado de fiesta y si voy vestida enseñando más de la mitad de la pierna soy una fresca. Pero qué fácil es ser mujer, si a nosotras enseñando un poco de escote nos dejan pasar hasta a la Casa Blanca.

Tampoco comprendo la complicación de la burocracia, del papeleo, ¿pero de qué os sirve pedir la identidad a un refugiado? Si al final les termináis devolviendo a su país, a su guerra como vivienda, por la puerta de atrás. Y os preguntáis por qué nos odian.

Yo paso vergüenza si llevo escote. Ellos pasan vergüenza hasta el cuello.

No pretendo cambiar el mundo, ni dar lecciones tras una pantalla. Solo pido la reflexión como algo en conjunto de que, si este de verdad es el portón al nuevo milenio, no estoy segura de que, para como colectivo, sea bueno para nosotros.
Ni mucho menos para mí.
Ni muchísimo menos para ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario